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Parashat Toldot

Shabat, 2 de diciembre de 2016. Bereshit (Génesis) 25:19 – 38:9

Para comenzar, este video:

https://www.youtube.com/watch?v=d3ZVt8AgnDE

Parashá – Resumen

Yaacov y Esav son los hijos de Itzjak y Rivka. Ellos son tan diferentes que pelean desde el vientre materno. Esav es el primogénito, será cazador y estará gran parte del tiempo en el campo. Yaacov, por el contrario, será un hombre tranquilo, que disfruta estando en casa.

Esav vende su primogenitura a Yaacov a cambio de un plato de lentejas, al llegar hambriento después de un día de caza. Yaacov luego engaña a su padre para recibir la bendición de primogenitura y con eso formalizar lo que había iniciado al comprársela a su hermano.

Esav llora cuando se da cuenta de que ha perdido la bendición del padre, y se enfurece con su hermano por el engaño. Yaacov debe escapar de la casa, por temor a que su hermano Esav lo mate.

Parshanut y Musar – Nuestro aprendizaje

Podríamos juzgar a Yaacov y Esav por su deslealtad y su falta de hermandad, pero no sería justo si no incluimos en análisis la crianza que recibieron de sus padres.

La Torá y los Midrashim posteriores cuentan que los mellizos se diferenciaban desde el vientre materno, pero aparentemente sus padres no pudieron verlo con claridad. No solo cada padre tenía un hijo predilecto, sino que no pudieron reconocer y potenciar las habilidades de cada uno. Quizás la historia habría sido menos tortuosa si los padres hubiesen identificado en Yaacov el potencial para seguir el legado del monoteísmo y recibir la primogenitura, y hubiesen reconocido la habilidad de Esav para proteger y cuidar físicamente de su hermano. Quizás a Esav no le interesaba la primogenitura, pero no encontró otro espacio para brillar dentro de su familia.

Nuestra sociedad tiende a igualar los estándares para todos, sin detenerse en las capacidades individuales de las personas. Como padres tenemos el deber de reconocer en cada uno de nuestros hijos sus particularidades, y permitirles brillar de acuerdo a sus potencialidades.

En Mishlei (22:6) leemos “Janoj la´naar al pi darkó…” (“Educa al joven según su camino…”), ya que el camino de cada hijo es singular, y nuestro deber como padres es ayudar a transitarlo de la mejor manera posible.

 Del Hebreo a tu mesa

Los invitamos a conversar en familia alrededor de la mesa de Shabat:

Ejercicio en familia: Los invitamos a identificar en cada integrante de la familia algo que lo hace especial y decírselo. (Ej. En la mesa, cada uno identifica algo especial en la persona de su derecha y así sucesivamente; o los padres cuentan qué ven de singular en cada uno de sus hijos, etc.).

Para conversar entre todos: ¿En qué crees que eres diferente al resto? (gustos, habilidades, intereses, sueños, destrezas, historia, etc.). ¿De qué manera esa particularidad tuya puede ser un aporte para los demás?

Para los padres: ¿Cómo saber cuál es el camino de cada hijo? ¿Cómo educar a todos por igual pero al mismo tiempo respetando sus diferencias?

 ¡Shabat Shalom! Instituto Hebreo

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