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Parashat Vaierá: ¿Con qué vara nos medimos? ¿Y a los demás?

(Bereshit – Génesis cap. 18:1 – 22:24)

Viernes 3 de noviembre de 2017

Parashá – Resumen

Luego de haberse circuncidado a sí mismo y a los varones de su casa, Abraham es visitado por 3 ángeles de D’s que le dicen que su esposa Sara tendrá un hijo. Más adelante nace el segundo patriarca Itzjak.

D’s le cuenta a Abraham que va a destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra por haberse corrompido moralmente. Abraham discute con D’s pidiéndole que no las destruya si hubiese al menos 50 personas justas, luego 40, luego 30…. Al no haber siquiera 10 justos en la ciudad, D’s las destruye, pero salva a Lot y su familia por ser los únicos que preservaban la moral.

Al salir de la ciudad, Lot y su familia no pueden mirar atrás, esa es la condición que se les pone. La esposa de Lot mira hacia atrás y se convierte en una estatua de sal.

D’s le pide a Abraham que sacrifique a su hijo y Abraham obedece. Pero cuando está a punto de sacrificarlo, un ángel toma su mano y lo detiene.

Parshanut y Musar – Nuestro aprendizaje

Abraham es elegido por D’s como el primer judío. Así inicia el monoteísmo ético y nuestra historia como pueblo. Pero lejos de mostrar una fe ciega y sumisa, la Torá nos muestra un Abraham que discute con D’s y le pide con insistencia reconsiderar su decisión sobre Sodoma y Gomorra.

Abraham no es indiferente al dolor ajeno, al punto de abogar por dos ciudades lejanas y que no conocía.

Sin embargo llama la atención que cuando D’s le pide a Abraham que sacrifique a su hijo, él obedece sin cuestionamientos. ¿Acaso no le angustiaba la idea de matar a su propio hijo? ¿Cómo es que fue capaz de interpelar a D’s por dos ciudades lejanas y no lo hace por la vida de su hijo?

La Torá nos muestra en Abraham una actitud típicamente humana: solemos ser más severos con nosotros mismos que con los demás. Al igual que Abraham, podemos abogar por otros, perdonarlos y ser misericordiosos… pero cuando se trata de nosotros, nos cuesta perdonarnos, nos juzgamos con una vara más alta. A veces destinamos esfuerzos por cuidar a otros, y nos abandonamos a nosotros mismos.

La invitación es a revisar si mantenemos un equilibrio entre las exigencias, cuidados y parámetros que ponemos a los demás y a nosotros mismos.

Del Hebreo a tu mesa…

Los invitamos a conversar en familia alrededor de la mesa de Shabat:

Discutamos entre todos: ¿Por qué a veces somos más exigentes con nosotros mismos que con los demás? ¿Acaso creemos que el resto merece más cuidado y paciencia que nosotros? ¿Te pasa que te preocupas y cuidas del resto pero no tanto de ti? ¿Qué puedes hacer para mejorarlo?

Para los adolescentes: Si esperas que los demás sean pacientes y flexibles contigo, ¿Por qué no lo eres contigo mismo? ¿Cuáles son las cosas que te exiges a ti mismo y que no exiges a los demás?

Para padres: A veces exigimos a nuestros hijos más de lo que esperamos que otros niños logren. Revisemos si nuestros parámetros de medición no están desequilibrados desfavoreciendo a nuestros hijos.

¡Shabat Shalom!

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