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encendido de velas
Santiago, Chile
Encendido de velas a las 19:41

Shabat concluye 20:38

 

Con música klezmer honramos el Día de la Mujer

El mensaje de nuestros morim en el Día de la Mujer está reproducido a continuación. Fue escrito en conjunto con la colaboración de profesores de distintas áreas y eso también nos llena de orgullo. Los paneles de los pasillos fueron decorados con perfiles de grandes mujeres de Chile y de Israel –desde Golda Meir a Gal Gadot y la sargenta Candelaria Pérez- y en las clases hubo actividades alusivas. Además, los morim de música nos deleitaron con un número de música klezmer, con nuestra nueva clarinetista del staff.

Día Internacional de la Mujer

El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, antes llamado Día de la Mujer Trabajadora, debido a la decisión de la ONU de institucionalizarlo en 1975, ​ conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.

La primera celebración del Día Internacional de la Mujer tuvo lugar el 19 de marzo de 1911 en Alemania Austria, Dinamarca y Suiza, y su conmemoración se ha venido extendiendo, desde entonces, a numerosos países.

En 1972 la Asamblea General de las Naciones Unidad declaró 1975 Año Internacional de la Mujer ​ y en 1977 ​invitó a todos los Estados a declarar, conforme a sus tradiciones históricas y costumbres nacionales, un día como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Pero sabemos que esta historia de lucha de la mujer no ha sido fácil, ha implicado diversas batallas en los ámbitos políticos, sociales y laborales, siendo esta última una bandera que busca hoy obtener el éxito.

La firme convicción de estar haciendo lo correcto y la posterior organización de las mujeres permitió lo inimaginable, que alcanzaran paulatinamente el reconocimiento de sus derechos.

Fue en 1893, cuando se comenzaron a ver los frutos, se aprobó en Nueva Zelanda el primer sufragio femenino sin restricciones, gracias al movimiento liderado por Kate Sheppard. De todos modos a las mujeres sólo se les permitía votar pero no presentarse a elecciones. Las boletas femeninas de votación se adoptaron apenas semanas antes de las elecciones generales. Solo desde 1919 las neozelandesas obtuvieron el derecho a ser elegidas para un cargo político.

En Europa las mujeres pudieron ejercer su derecho a voto por primera vez en Finlandia (entonces una región del Imperio ruso), en 1907, llegando a ocupar incluso escaños en el parlamento (primer caso en el mundo). Le siguieron pocos años después Noruega y Suecia.

En 1917, tras la Revolución rusa, a pesar de la aprehensión inicial contra el derecho de las mujeres a votar en la elección de la Asamblea Constituyente, la Liga para la Igualdad de las Mujeres y otras sufragistas se unieron durante el año de 1917 por el derecho al voto. Después de mucha presión, el 20 de julio de 1917 el Gobierno Provisional concedió el derecho de voto a las mujeres.

En 1920 se aprueba la Decimonovena Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, que estipula que ni los estados de los Estados Unidos de América ni el gobierno federal puede denegarle a un ciudadano el derecho de voto a causa de su sexo.

En 1927 Uruguay fue el primer país en Sudamérica en aprobar el sufragio femenino, el cual fue emitido por primera vez el 3 de julio de 1927 en el Plebiscito de Cerro Chato.

En Chile, la extensión del voto a las mujeres fue motivo de debate desde la década de 1920. Sin embargo, la oposición de los partidos anticlericales y de izquierda, debido a la tendencia conservadora del electorado femenino, retardó por varias décadas más la concesión de ese derecho. En 1934 se aprobó el voto femenino para las elecciones municipales, y recién en 1949 se concedió el derecho a voto a las mujeres para las elecciones presidenciales y parlamentarias.

Las mujeres participaron por primera vez en la elección presidencial de 1952, en donde fue electo Carlos Ibáñez del Campo. Desde entonces, su participación en los procesos electorales se fue ampliando progresivamente hasta llegar en 1970 a la paridad con los votantes masculinos.

Finalmente, es imposible, cuando hablamos de la mujer, no hacer mención a la importancia que ésta ha tenido y tiene en la historia del pueblo judío.

Aunque la legislación bíblica más antigua presuponía que la mujer era un ser pasivo cuyo destino estaba controlado por el hombre, la narrativa habla de mujeres con mucho poder como Rebeca, Raquel, Miriam y Débora, ya que a pesar de ser una sociedad patriarcal, en la sabiduría, refranes, proverbios y música judías, la mujer y la imagen materna ocupan un lugar preponderante. Surgen así las cuatro madres del pueblo judío: Sara, Rebeca, Raquel y Lea, pilares de toda una nación.

En la cultura judía la mujer era y es considerada esencial en la transmisión de la identidad religiosa en el medio familiar. Como raíz espiritual de la educación, la madre es responsable de que los valores se transmitan de generación en generación.

No nos debe extrañar, por lo tanto, que en el Primer Congreso Sionista realizado del 29 al 31 de agosto de 1897, considerado por algunos como el “Parlamento judío en el exilio” se haya establecido el derecho a las mujeres a votar en sus elecciones, lo cual se hizo realidad en el segundo congreso sionista realizado en 1898 donde se le otorgó a la mujer “pleno derecho de membresía”.

Por último, no debemos olvidar que Israel fue uno de los primeros países del mundo occidental en tener una mujer como primer ministro, Golda Meir en 1969.

Como profesores estamos llamados a educar y dar herramientas a hombres y mujeres que sean capaces de desarrollar sus talentos, defender sus derechos y contribuir a la construcción de una sociedad abierta, pluralista e inclusiva que se enriquezca a partir de la diversidad de género, la diversidad racial y la diversidad política.