MENU
encendido de velas
Santiago, Chile
Encendido de velas a las 18:01

Shabat concluye 18:57

 

Parashá Metzorá

Parashá Metzorá

Vaikrá (Levítico) 14:1 – 15:33

Parashá – Resumen…

Aquellas personas que tenían la extraña enfermedad de Tzaraat debían alejarse del campamento, hasta que el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) definía que ya estaban sanos.

Luego, para reincorporarse al campamento debían afeitar sus cabezas, cejas y barba –en el caso de los hombres-, luego hacer un sacrificio de expiación y así se purificaban por completo.

Parshanut y Musar – Nuestro aprendizaje

La semana pasada, en Parashá Tazría, vimos que la enfermedad de Tzaraat ha sido asociada por nuestros sabios a la maledicencia (hablar mal de otros, chismes, “pelambres”…).

Los Rabinos se preguntan por qué la Torá, que a veces escatima en información, se detiene a detallar cada parte que debía ser afeitada para purificarse por completo del Tzaraat.

Algunos explican que cabeza, cejas y barba simbolizan las tres instancias que nos llevan a hablar mal de alguien:

Cabeza: simboliza los pensamientos que nos hacen prejuzgar y disponernos de mala manera a los demas.

Cejas: simbolizan cuando miramos en menos a alguien y nos permitimos hablar mal de él o ella.

Barba: simboliza la boca, que con palabras inadecuadas puede generar mucho daño.

La invitación es a revisarnos a nosotros y nuestros hijos, y ver cómo estamos pensando, mirando y hablando de los demás. Tarea difícil, pero necesaria para generar una sociedad más sana.

Del Hebreo a tu mesa…

Los invitamos a conversar en familia alrededor de la mesa de Shabat:

Conversemos con nuestros hijos: ¿En qué situaciones hemos pensado, mirado o hablado mal de alguien?

(Es interesante ayudar a nuestros hijos a identificar las 3 por separado, para ver dónde es más necesario mejorar).

Ejercicio: Cada uno debe actuar con mímica una manera de “mirar mal” a alguien. Veremos que cada uno lo hace a su manera y así identificar en qué podríamos mejorar.

Demos el ejemplo: A veces como adultos miramos en menos a otros, incluso sin darnos cuenta, y eso lo aprenden nuestros hijos.

Torat Jaim